Siempre hablé del alma desde el alma

26 dic. 2008

(del poemario inédito "Presagios de viaje y Otras muertes")
(tienes un vídeo con el poema recitado un poco más abajo)

Siempre hablé del alma,
desde el alma.
Mis versos, mis sentimientos,
mi dolor, mi grito angustiado,
siempre desde el alma,
siempre reflejo del alma.
¿Y mi cuerpo?
Allí mi corazón,
palpitando impertérrito,
ora deprisa, ora más lento
por las visicitudes del alma,
pero siempre latiendo.
¿Y mi mirada?
Allí mis ojos,
a veces llorando, a veces riendo,
siempre mirando,
girando inquietos,
o cerrados hacia el dolor,
el dolor que nace del alma.
¿Y mis manos?
Siempre firmes,
sujetándome al mundo,
asiendo la pluma,
verdadera voz de mi alma
sobre el papel en blanco.
¿Y mis piernas?
Fuertes, sufridas,
resistentes a toda una vida
como una buena madre,
cargando con la losa
que lleva mi alma a la espalda,
cargando con su muerte a cuestas.
¿Y mi sangre?
Siempre corriendo,
incansable,
en un aburrido circuito
que recorre abnegada,
sin pedir cuentas a nadie,
pues no se llora cuando se trabaja.
Llevando en su regazo
el ansia de mi alma,
el crepitar de su fuego blanco
que quema más que la nostalgia,
que su deformado pasado.
¿Y mis pulmones?
Ni un solo día han dejado de respirar,
de nutrir de oxígeno mis músculos,
y mi grisáceo cerebro
—en todos los sentidos—
y callados y en silencio
me han mantenido con vida
para que escriba los versos
nacidos de mi alma enfermiza.
Y a todo esto ¿y mi alma?
Aquí está, arrogante,
pensando que vive por sí misma,
que es en sí misma esencia de vida,
que es, aun sin cobijo de carne,
algo tangible.
Sin dar las gracias al corazón,
a los ojos, a las manos,
a las piernas, a la sangre,
y a los pulmones.
Pobre ignorante,
sin ellos no tendrías lágrimas.
Pero cuidado, que aun así nada te piden.
Están allí sin que tú ni yo se lo pidamos,
como un buen amigo, el eslabón
invisible en el engranaje,
o un simple tornillo.
Mira, aprende y agradece
y regálales estos versos,
hazte materia,
hazte carne a través de ellos
aunque sólo sea en un poema.
Porque el corazón te da tiempo,
la mirada el color y la luz del mundo,
las manos un púlpito contra el silencio,
las piernas, anclaje y unión a la vida,
la sangre, la fuerza para tu rabia,
y los pulmones, aliento.

3 comentarios:

Gromit dijo...

Me ha gustado mucho tu obligado tributo del alma al cuerpo. (Y que conste que la poesía no suele entrarme demasiado bien salvo excepciones como las que me provoca Benedetti).

Óscar Camarero dijo...

Gracias, David.
El poeta muchas veces se encierra en su alma y se separa del mundo sin olvidar que aquello que ansía o padece es reflejo, precisamente, de su relación con el mundo que parece ignorar en sus versos.
Por eso te gusta tanto Benedetti, porque hace una poesía que toca con los pies en el suelo.
Prueba también con León Felipe, seguro que no te decepcionará. Que no te engañe su aparente sencillez, tras su poética hay todo un mundo por descubrir.

Gromit dijo...

Tomo nota de León Felipe. Gracias.