(reflexión)
Idea siempre duerme desnuda sobre las sábanas. Y al despertar nunca se reconoce, porque siempre es nueva.
Se levanta entonces de la cama y se observa en el espejo del armario; y tras conocer su naturaleza decide el carácter con el cual va a mostrase a los demás: si descarada, sensual, nostálgica, divertida, transgresora, sarcástica, trágica, violenta, vulgar, sensible...
Luego abre el armario y escoge el vestuario con el que piensa vestir su naturaleza y su carácter.
Pasa una percha y piensa ¿De relato? No, hoy no doy para tanto. ¿De sentencia? No me siento tan segura. ¿De soneto? Hoy no estoy para reglas. ¿De microrrelato? Hoy no me siento tan concisa. ¿De haiku? No, demasiado breve. Y así hasta que quizás llega a la percha de Guión de Cómic y se dice: Sí, hoy me apetece acabar convertida en historieta.
Y ya vestida va al lavabo y se maquilla de acuerdo a su vestimenta, aunque a veces le gusta experimentar y probar con cosas más propias de otras vestimentas.
Luego regresa a la habitación y vuelve a observarse en el espejo del armario, y si cree haber acertado con la forma más adecuada de mostrar su naturaleza, sin duda saldrá a la calle satisfecha.
Porque sabe que sólo puede mostrar su naturaleza a través de su carácter, su vestimenta y su maquillaje y que nadie la comprenderá si no acierta en su elección.
Acerca del despertar de Idea
8 feb 2009
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Óscar Camarero
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23:45
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Etiquetas: Reflexiones
La idea, el alma del microtexto
25 ene 2009
(reflexión)
Los textos breves comprimen la idea o, mejor aún, la desnudan hasta despojarla de todo lo superfluo.
La idea queda entonces aparentemente vulnerable ante los ojos del lector, ya que no puede esconderse; aparentemente vulnerable porque a veces, la muy pícara, decide ponerse un poco de carmín y guiñarnos un ojo, o nos confunde con su actitud o sus palabras, o nos sorprende con su descaro, con su sonrisa, con su elegancia, su ironía o con su sofisticación para que desviemos la mirada de su cuerpo desnudo o, más sugerente aún, para que (la) evoquemos en vez de observarla.
Porque la idea, desnuda, es un arma de doble filo.
De doble filo porque su desnudez nos la muestra tal cual es, con su brutal sinceridad; de doble filo porque esa desnudez puede ser una herramienta para el engaño.
En el primer caso, cuando a la idea se la desnuda y se la expone tal cual es ante el lector, ésta debe refugiarse en su pureza, pues sólo ella puede revestirla en parte.
Nada hay más puro que una idea desnuda.
Y aunque la mayor parte de las veces se muestra tal cual es, en muchos casos la idea pura es sólo una abstracción, una mera proyección de algo latente dentro de nosotros mismos, algo que en ocasiones ni sabemos qué es. Y entonces, evoca involuntariamente, per se.
En el segundo caso, cuando a la idea le gusta jugar con el lector, entonces se convierte en un ejercicio de estilo, un manual de seducción en toda regla.
Su desnudez es entonces falsa limitación y se convierte en su mejor arma, pues la utiliza como una cortina de humo para sorprender al lector, tomando de sí misma su esencia, aquello que la hace pura, única, para moldearlo hasta crear un disfraz, o muta en otra idea como por arte de magia.
Pero ya sea mediante desnudez o picardía, si a la idea le apetece seducirnos, lo conseguirá.
Tan sólo necesita escoger la forma correcta. Y es que hasta a las ideas les cuesta ganar desnudas.
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Óscar Camarero
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Cambio de tercio
23 nov 2008
En el momento en que decidí crear este blog tuve claro cual iba a ser su objetivo: funcionar como un dossier informativo.
Como los escaparates de las tiendas o las carpetas de los dibujantes. Una forma de decir Hey ¿quieres saber de mí o de mi obra? Pues aquí tienes mi blog.
Así pues, tuve claro que contendría sólamente información que considerase de relevancia para mostrar mi faceta de escritor a quien pudiera interesarle.
Sin embargo, dudé seriamente en mostrar retazos de mi trabajo, es decir, en publicar poemas sueltos, relatos, guiones, etc, que no hubiesen sido previamente publicados.
El motivo no era el temor al plagio (registro mi obra con regularidad) sino el poder participar en concursos literarios.
Cuando un autor no tiene todavía un nombre debe esforzarse en creárselo, y en gran medida, los premios literarios son un buen medio para lograrlo (aunque tampoco sean garantía de nada).
La idea era sencilla. ¿Quería ofrecer un poemario a un editor? Pues entonces me debía presentar a concursos de poesía con la esperanza de ganar alguno y crearme un currículo. ¿Que quería hacer lo propio con un libro de relatos? Pues lo mismo.
Lo que pasa es que para poder presentarse a esos concursos, los trabajos presentados no han de haber sido publicados (en muchos casos, ni siquiera en internet) y por ello, con el objetivo de no quemar ninguna nave, decidí no subir escritos a este blog.
Sin embargo, el tiempo escasea, las fuerzas se dispersan en mil proyectos y el necesario aunque débil ego y un nuevo enfoque cobran fuerza, así que a partir de ahora subiré algunos textos.
Me he autoconvencido (éste es el nuevo enfoque) de que ésta es también una buena forma de mostrar mi trabajo. ¿Que hay que quemar alguna nave? Pues esperemos que el resplandor del incendio sirva de faro.
En cualquier caso ¿que más da? Tampoco creo que vaya a perjudicarme demasiado (mas bien poco si me baso en la escasa cantidad de concursos en los que participo y en la fe que tengo en ellos) y es algo que me apetece hacer de vez en cuando.
Tampoco es que ahora vaya a actualizar el blog a diario, pero sí cuando sienta ese deseo.
Por ello, a partir de ahora, este blog sufrirá un cambio de tercio.
Espero no ser el único en disfrutar con ello.
Un saludo.
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Óscar Camarero
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