El tugurio

11 ene. 2010

(microrrelato inédito)

Otra vez estoy en esta mierda de tugurio, bebiendo el garrafón infecto que me emborrachará en menos de una hora.
Llevo viniendo durante los dos últimos años, desde que ella me dejó.
Que lo siento, Paco, que me he enamorado de Julián, sí, tu mejor amigo, que de verdad me sabe mal pero no he podido evitarlo, que la vida es así, ya sabes, que me voy a vivir con él, que te deseo lo mejor del mundo.
Y yo que salgo desencajado de casa, incapaz de asimilar la noticia, y me bajo a la calle, me meto en el tugurio este, que es el primero que veo, y me pido un gin-tonic, y luego otro, y otro más, hasta que ya no me veo ni los dedos y no sé cómo soy capaz de llevarme el vaso de tubo a la boca.
Tan obcecado estoy que ni me entero que ella me ha seguido y me ha estado observando todo el rato sin atreverse a acercarse, sin saber qué decirme para apaciguar mi dolor y confiando en que el alcohol me ayude a superar el momento.
Ni de que me ve salir a la calle, agarrarme a cualquier cosa para no caer, tambalearme por la acera dando bandazos, hasta que pierdo el equilibrio y caigo en medio de la calzada, justo cuando llega el autobús que se me lleva por delante con destino al otro barrio.
Y tampoco me entero, claro está, de que ella llora desconsolada sobre mi cadáver ensangrentado, echándose las culpas de mi muerte.
Es por eso que desde entonces, su conciencia se auto inflinge la penitencia de recordarme cada noche, recreando mis últimas horas para purgar su culpa; mientras que yo, en cambio, sólo espero el día en que ella consiga perdonarse y me olvide de una puñetera vez, porque ya estoy harto de ella, del tugurio, del gin-tonic de garrafón y del maldito autobús.

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