Paseando

29 dic. 2009

(del poemario inédito "Presagios de viaje y Otras muertes")

Mi amor murió lentamente;
como mueren las cicatrices
y los viejos de los asilos.
Como una discreta sangría,
gota tras gota.
Perdí la fuerza como nace el cansancio
tras un ejercicio pasivo,
y al cabo se fueron cayendo mis párpados.
Primero fue disminución de luz,
después penumbra,
luego oscuridad.
Y sentí esa oscuridad como un letargo,
como un necesario descanso.
Apoyé una mano en la pared
y pensé: Descansa un rato,
ya se te pasará
.
Pero no se me pasó,
y me puse de nuevo a caminar
sólo por no quedarme parado.
No vi las piedras que me hicieron tropezar,
ni el sol resplandeciente del mediodía,
y al cabo me paré.
Sin más.
Porque no veía ya el camino ni su razón.
Me pregunté cuánto llevaba muerto
pero no supe responder:
tenía ya herido el cerebro
además del corazón.
Me alcanzó entonces un susurro perfumado
que llevaba entre sus brazos
un Te quiero famélico,
y en mi ternura hallé restos
de la razón del camino
y abrí lentamente los párpados.

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