Todo un carácter

25 ene. 2010

(microrrelato inédito)

El hombre sopesa el revólver. Pesa mucho, no imaginaba que tanto.
Consigue abrir el tambor tras varios intentos e introduce en él las seis balas.
Luego sujeta el arma con ambas manos, la amartilla con los dos pulgares, apunta y dispara.
El sonido del disparo suena como un trueno.
No he sujetado bien el revólver y del retroceso se me cae al suelo. Lo miro absorto mientras pienso en lo que acabo de hacer. Sonrío. Sólo lamento una cosa: que narrador y escritor no sean la misma persona.

Nota del Autor

18 ene. 2010

(poesía inédita)

Me acusas de usar un lenguaje soez,
cuando sólo lo uso de tanto en cuanto.
De usar sangre como tinta,
y piel como papel.
De gritar a la luz,
de esconder la señal de SALIDA
en cuanto entras al primer verso.
Quizás es que te horroriza que dé voz al horror,
a la violencia,
que vive prisionera en las mentes;
o me culpas de darle
las llaves de la prisión,
de soltarle los grilletes,
y ofrecerle la ocasión
de habitar en mis versos.
Mejor dame las gracias, ingrato,
por sacar a pasear a este cabrón,
por vaciarte de él aunque sólo sea un rato,
y mostrarte que no sólo habita en ti.
Que no estás enfermo,
o que al menos,
no eres el único enfermo.
Léeme, yo también le conozco.
Salta de uno a otro renglón
riendo como un demente,
atraviesa las páginas
a medida que las pasas,
y le crees observarte.
Te diré un secreto: no es otro, es tú,
pero puedes encerrarle
con cerrar este libro. Adelante.*


*los dos últimos versos son una adaptación libre de otros de Luís García Montero.

El tugurio

11 ene. 2010

(microrrelato inédito)

Otra vez estoy en esta mierda de tugurio, bebiendo el garrafón infecto que me emborrachará en menos de una hora.
Llevo viniendo durante los dos últimos años, desde que ella me dejó.
Que lo siento, Paco, que me he enamorado de Julián, sí, tu mejor amigo, que de verdad me sabe mal pero no he podido evitarlo, que la vida es así, ya sabes, que me voy a vivir con él, que te deseo lo mejor del mundo.
Y yo que salgo desencajado de casa, incapaz de asimilar la noticia, y me bajo a la calle, me meto en el tugurio este, que es el primero que veo, y me pido un gin-tonic, y luego otro, y otro más, hasta que ya no me veo ni los dedos y no sé cómo soy capaz de llevarme el vaso de tubo a la boca.
Tan obcecado estoy que ni me entero que ella me ha seguido y me ha estado observando todo el rato sin atreverse a acercarse, sin saber qué decirme para apaciguar mi dolor y confiando en que el alcohol me ayude a superar el momento.
Ni de que me ve salir a la calle, agarrarme a cualquier cosa para no caer, tambalearme por la acera dando bandazos, hasta que pierdo el equilibrio y caigo en medio de la calzada, justo cuando llega el autobús que se me lleva por delante con destino al otro barrio.
Y tampoco me entero, claro está, de que ella llora desconsolada sobre mi cadáver ensangrentado, echándose las culpas de mi muerte.
Es por eso que desde entonces, su conciencia se auto inflinge la penitencia de recordarme cada noche, recreando mis últimas horas para purgar su culpa; mientras que yo, en cambio, sólo espero el día en que ella consiga perdonarse y me olvide de una puñetera vez, porque ya estoy harto de ella, del tugurio, del gin-tonic de garrafón y del maldito autobús.

Una d ellas

4 ene. 2010

(microrrelato inédito)

Hay personas vagas x naturaleza, y yo soy