Acerca del despertar de Idea

8 feb. 2009

(reflexión)

Idea siempre duerme desnuda sobre las sábanas. Y al despertar nunca se reconoce, porque siempre es nueva.
Se levanta entonces de la cama y se observa en el espejo del armario; y tras conocer su naturaleza decide el carácter con el cual va a mostrase a los demás: si descarada, sensual, nostálgica, divertida, transgresora, sarcástica, trágica, violenta, vulgar, sensible...
Luego abre el armario y escoge el vestuario con el que piensa vestir su naturaleza y su carácter.
Pasa una percha y piensa ¿De relato? No, hoy no doy para tanto. ¿De sentencia? No me siento tan segura. ¿De soneto? Hoy no estoy para reglas. ¿De microrrelato? Hoy no me siento tan concisa. ¿De haiku? No, demasiado breve. Y así hasta que quizás llega a la percha de Guión de Cómic y se dice: Sí, hoy me apetece acabar convertida en historieta.
Y ya vestida va al lavabo y se maquilla de acuerdo a su vestimenta, aunque a veces le gusta experimentar y probar con cosas más propias de otras vestimentas.
Luego regresa a la habitación y vuelve a observarse en el espejo del armario, y si cree haber acertado con la forma más adecuada de mostrar su naturaleza, sin duda saldrá a la calle satisfecha.
Porque sabe que sólo puede mostrar su naturaleza a través de su carácter, su vestimenta y su maquillaje y que nadie la comprenderá si no acierta en su elección.

Fuga de letras

(microrrelato inédito)

Escribo, no importa el qué (eso no es relevante). Poco a poco noto un desapego de las palabras... no, un desapego de las letras hacia el texto.
Lo presiento en las yemas de mis dedos al pulsar las teclas, como si las letras me hablasen mediante vibraciones. Algunas vocales desaparecen. Son las oes. Las OES. Las “oes”. Es curioso, si “entrecomillo” las palabras en que aparecen ya no se “borran”. Es como si las comillas les diesen un valor metafórico, y al cambiar el significado de la palabra ya no importase su ausencia. Hago otra prueba: canzión. Interesante. Si escribo mal la palabra tampoco desaparecen. Supongo que da igual su presencia porque no depende ya de ellas hacer comprensible la palabra, su significado. Pero no puedo entretenerme a entrecomillar todas las palabras que contienen la letra o, la letra “o”, ni a escribirlas mal a propósito. No me cundiría. Ya las añadiré a mano cuando imprima el documento.
Pero al poco hacen lo mismo las emes. Las “emes”. ¡Mierda! Aprieto fuerte las teclas, por si acaso es un problema mecánico.
Sea lo que sea, presiento que van a empezaroa fallarme las aes. Las “aes”. Mejor escribo a mano, “a mano”, “a” “mano”.

Salvando el pellejo

(microrrelato inédito)

El hombre del revólver apuntó a la muchacha.
―No, por favor ―le suplicó ella―. Escúchame.
―Lo siento, pero ya es tarde.
Sonaron dos disparos y la chica cayó muerta.
El hombre se la quedó mirando, absorto, mientras los demás aguantábamos la respiración con el corazón en un puño.
Al final, no pude soportar la tensión y grité:
―¡Asesino, no eres más que un asesino!
Una mujer que estaba a mi lado me recriminó.
―Cállese, maldita sea. ¿Está loco?
―No me das miedo ¿oyes? ―continué, fuera de mí―. Todos lo hemos visto, irás a la cárcel.
La mujer a mi lado me miró nerviosa.
El hombre del revólver se giró hacia mí y palidecí.
―Y ahora morirás tú –dijo mientras me apuntaba.
Sabía que mi muerte estaba cerca si no hacía algo para evitarlo, así que me dirigí hacia él ciego de ira con la esperanza de desarmarlo, pero me golpeé contra la butaca de delante y caí al suelo entre las dos hileras de asientos.
Me quedé allí quieto mientras escuchaba los disparos del revólver sobre mi cabeza.
Los de seguridad me echaron del cine mientras yo sonreía satisfecho. Al fin y al cabo, había logrado salvar el pellejo.

Desengaño

(microrrelato inédito)

Felicidad siempre estuvo a mi lado, alimentando mi alma con aquel placebo suyo tan delicioso. Como una buena amiga siempre solícita, que sin embargo ahora veo como a una puta barata.
Amor se mantenía oculto a mi mirada, pero sabía que estaba allí. Podía notar sus masajes en mi cerebro y su electricidad corriendo por mi piel y mi corazón, que se alteraba con arritmias placenteras. Le creía un buen amigo, al muy cabrón.
Y es que un día vi a Felicidad y a Amor juntos aceptando un sobre que Traición les daba bajo mano de parte de mi amado, que se mantenía unos pasos apartado de la escena.
No sé qué me dio más rabia, si su hipocresía o su cobardía.
El caso es que disparé a bocajarro sobre todos menos sobre Traición, que al fin y al cabo era un mandado y nunca me engañó.
Mi amado murió, motivo por el cual estoy ahora mismo en la cárcel.
Felicidad y Amor no murieron. No pueden.
Pero mejor, porque ahora agonizan hasta que me pudra en el rincón más recóndito y oscuro de mi alma en tinieblas.

El mapa

(microrrelato inédito)

El general se inclinó sobre el mapa, visiblemente contrariado.
―No sé cómo podremos llegar a tiempo al Cuartel General. Es más complicado de lo que me pensaba.
A su lado, el capitán asintió en silencio, respaldando con el gesto su comentario.
El general señaló un punto y dijo:
―¿Y si vamos de Sol a Cuatro Caminos pasando por Tribunal, hacemos trasbordo a la línea 6 y…
―Perdone, mi general ―le interrumpió el capitán―, pero creo que iríamos mejor de Sol hasta Moncloa por la línea 3 y después… No, eso tampoco.
―Maldita sea, capitán, que complicado es esto del metro.
―Y que lo diga, mi general, mejor vamos en taxi.

En directo

(microrrelato inédito)

La presentadora del reality show estaba visiblemente excitada.
Por fin la policía había dado con el paradero del asesino metódico y el programa tenía un equipo de reporteros con la Unidad de Asalto.
Pude ver en directo cómo aquellos policías armados hasta los dientes entraban en un edificio y subían sus escaleras con gran sigilo.
Al llegar a un rellano, se colocaron estratégicamente y tras intercambiarse algunas señas en el más absoluto silencio, uno de ellos se acercó a una puerta y pulsó el timbre.
Cuando sonó, amartillé la pistola y me parapeté tras el sofá.

A contrarreloj II

En Abril del 2008 apareció publicado el libro "A contrarreloj II" de la Editorial Hipálage, que contiene una selección de microrrelatos presentados al II Premio Nacional de Microrrelatos.
Aparezco en dicha antología con un microrrelato titulado Corporativismo, que puedes leer aquí.